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Gabriela Vargas La experiencia de trabajar con la tierra, cuidar de un huerto, cultivar alimentos, ver y probar los resultados, ofrece a los niños y a los adultos la maravilla de presenciar un proceso de vida. Este proyecto surge a partir de una preocupación por la falta de contacto con la tierra y con los ciclos naturales que muchos de los habitantes urbanos tenemos.
Hace 5 años que dio inicio el proyecto de “Escuelas en Contacto con la Tierra”, un programa de educación ambiental que consiste en la instalación de un huerto escolar y un cronograma de actividades que se llevan a cabo durante el ciclo escolar.
Comenzando en dos escuelas; actualmente se lleva a cabo en 5 escuelas dentro del DF, trabajando con grupos desde preescolar hasta bachillerato.
El huerto escolar es una herramienta didáctica, una extensión del salón de clases al aire libre, que funciona como un laboratorio vivo donde los niños y jóvenes que trabajan en él obtienen muchos beneficios.
Entre los objetivos del proyecto están:
Promover la agricultura urbana como una forma de sensibilizar a la comunidad educativa con los temas ambientales; haciendo énfasis en el impacto que provocan las actividades agropecuarias.
Promover el concepto de consumo responsable como una forma para transitar a la sustentabilidad. sistemas agroforestales entre otros, es mucho mayor de lo que se suele afirmar. ”De la superficie del mundo, entre 8 y 10% se ocupa actualmente en la producción de alimentos.(…) Con el uso de árboles, al menos tres cuartas partes del área emergida podría satisfacer necesidades humanas, no sólo de alimento, sino también vestido, energía, vivienda y otros productos básicos.” (Russel Smith, citado en Douglas y Hart, Forest Farming, ITDG, 1985), Gandhi solía afirmar que ”la Tierra produce lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada quién, más no su codicia”. Hermosa frase, que lleva en pocas palabras las semillas de un renuevo social y ecológico, a la vez que humanista y espiritual. Desde este punto de vista, la sobrepoblación presenta un riesgo efectivo a la humanidad sólo en cuanto hayamos aprendido a desarrollar sistemas sustentables y redistributivos de producción y consumo. Más que manejar el ambiente, debemos aprender a manejarnos dentro del ambiente. El proceso de la evolución efectuado durante millones de años creó, seleccionó o eliminó por inviables a gran número de especies; cada una fue una prueba, cada cual tuvo su test de sustentabilidad y las primeras en desaparecer fueron las excesivamente depredadoras o plagosas. Si pudiéramos atribuir a la Naturaleza alguna intencionalidad en la puesta a punto de seres dotados de inteligencia racional y notable capacidad de adaptación a la vez que espiritualidad como somos los seres humanos, esta intención sería el afán de perfeccionarse a sí misma. Lo humano no es forzosamente artificial sólo por ser humano y la mano del sembrador puede volverse un modo natural de propagación de semillas. La intervención humana puede ser bienvenida en la Naturaleza. Somos capaces de reverdecer desiertos, incrementar la biodiversidad, volver los bosques más frondosos, los mares más llenos de peces, los paisajes más hermosos. Podemos redistribuir los microorganismos benéficos del suelo, llevar agua donde la tierra se resquebraja, contrarrestar la erosión, hacer brotar manantiales donde nunca los hubo. Un bosque bien trabajado produce doble biomasa que otro virgen y extrae del aire el doble de dióxido de carbono. No tenemos necesidad de monocultivos, organismos genéticamente modificados, vacas carnívoras, pesticidas sintéticos, envases desechables, ni de concentrarnos en aglomeraciones de decenas de millones de habitantes. La sobrevivencia de nuestra especie se verificará cuando hayamos aprendido a compartir lo sobrante y a emplear los excedentes en hacer florecer la cultura, estimular la creatividad humana, embellecer el entorno y restaurar lo estropeado… No nos podemos limitar a un papel de depredadores de nuestro propio ambiente, puesto que tenemos la opción de reconquistar la pax ecológica, la paz entre nuestros pueblos y posiblemente así también nuestra paz interior.
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Favor de contactarme si les interesa,
Saludos,
Cynt