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Sabias Que?
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La agricultura y ganadería depende cada vez más de recursos energéticos ajenos -petróleo y gas natural- para el cultivo, fertilizantes, pesticidas, riego, manufacturación y transporte, además, los cultivos intensivos y extensivos incrementan el consumo y dependencia energética. La producción se aleja de los consumidores haciendo necesario su transporte a miles de kilómetros lo que disminuye el rendimiento energético: para producir y llevar una caloría a la mesa se gasta más energía en su proceso que la que nos aporta, por esta razón -entre otras- el modelo agrícola es insostenible. Si a todo esto añadimos que los nutrientes, agua y demás recursos están sobre explotados y que hasta el modelo agrícola -como gran consumidor de energía- se suma al cambio climático, el futuro es aún menos halagüeño. La industrialización y derroche energético desplazó al modelo tradicional de cultivo y cría provocando, de este modo, que fuera abandonado junto con el modelo social y cultural en el que se desarrollaba, pero, no se trata de añorar tiempos pasados. La cuestión es que el modelo tradicional fue tirado por la borda y este nuevo modelo agrícola y ganadero, al que acompañan otros problemas, no es sostenible ni rentable energéticamente; tampoco resuelve ni garantiza la calidad ni el abastecimiento alimentario que depende de otros factores y de decisiones políticas tomadas a mayor distancia aún que los alimentos que consumimos llegados de cultivos cosechados a miles de kilómetros. Dicho con mayor contundencia, nuestra agricultura y ganadería depende enteramente del petróleo y gas, el agotamiento (o escasez) de estas energías supondrá el colapso de la agricultura y de la ganadería de la que nos alimentamos.
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Sabias Que?
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Repasando tratados o currículos académicos de cualquier universidad del mundo que aborde temas agrícolas o ganaderos encontramos siempre una coincidencia: los avances tecnológicos o científicos que se han producido (que han sido muchos) han tenido como objetivo básico aumentar los rendimientos (bien mayor productividad, bien menores costes) y facilitar el trabajo de las personas dedicadas a la agricultura y la ganadería. Dos objetivos muy loables.Yo, leyendo a Ramón Fernández Duran, sostengo una teoría complementaria. La historia de la agricultura ha sido y sigue siendo la obsesión por la reducción de los costes de gobernabilidad . Es decir, disminuir el número de personas dedicadas a la agricultura (la fuerza de trabajo) y mantener a estas personas, campesinas y campesinos, lo más distanciados posible de la toma de decisiones. El asentamiento de las primeras poblaciones humanas se acompañó hace 10.000 años de la domesticación de las plantas; después llegó la domesticación de algunos animales -ovejas, cabras, etc.- para el consumo de sus productos y la domesticación de animales para trabajos pesados, como arar los campos. Regía el interés de producir alimentos para una población en crecimiento que progresivamente fue sustituido por el de producir beneficios económicos. Donde había trabajadores agrícolas se sustituyeron por esclavos, donde no había fuerza de trabajo se importaron esclavos. Gran avance en la agricultura: al igual que los animales de tiro, trabajaban a latigazos y sólo recibían algo de comida. En nuestros días la práctica se mantiene igual de eficiente, como los magrebíes o las mujeres de Europa del Este que trabajan en la campaña de la fresa en España o las mujeres bolivianas esclavizadas en las grandes plantaciones de viña en Chile.
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Sabias Que?
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Los consumidores de todo el mundo han visto que los precios de los alimentos básicos se han incrementado dramáticamente durante los pasados meses, creando unas extremamente difíciles condiciones de vida, especialmente para las comunidades más pobres. Durante el año pasado, el trigo ha doblado su precio, el maíz ha subido cerca del 50% que hace un año. Sin embargo, no hay crisis productiva. Las estadísticas muestran que la producción de cereales nunca ha sido tan alta como en 2007 (1). Los precios se han incrementado porque una parte de la producción es ahora derivada a agrocombustibles, las reservas globales de comida están en su momento más bajo de los últimos 25 años debido a la desregulación de los mercados marcada por la OMC y el tiempo extremo que han padecido algunos países exportadores como Australia. Pero los precios también se han incrementado porque las compañías financieras especulan con la comida de las personas, ya que anticipan que los precios de los productos agrícolas seguirán subiendo en el futuro próximo. La producción de alimentos, su proceso y su distribución quedarán cada vez más bajo el control de las empresas transnacionales que monopolizan los mercados.
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